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Causa de la muerte: el olor a cannabis – los activistas por los derechos civiles de EE.UU. se quejan
Autor: Micha 07/08/2017 - 09:52:00

El caso de Philando Castilla que ha acaparado recientemente los titulares es sólo el último de una larga lista de civiles estadounidenses que han muerto, a causa del cannabis, por los disparos realizados por agentes de la policía estadounidense en el contexto de un registro domiciliario o un control rutinario. 

Desde la distancia, los EE.UU. suelen verse como un paraíso del cannabis donde sólo es cuestión de tiempo antes de que los 51 estados hayan legalizado esta planta prohibida. A menudo, se olvida que, en la tierra de posibilidades ilimitadas, la Guerra contra las Drogas sigue causando estragos, y no ha dejado de hacerlo para los consumidores de cannabis o los cultivadores de cáñamo sólo porque una sustancia que es ilegal a nivel federal se haya legalizado en 9 estados y medio. En la actualidad, muchas personas en los Estados Unidos están entre rejas a causa del cannabis. Algunas han sido condenadas a cadena perpetua por delitos exclusivamente relacionados con el cannabis, y muchas de estas personas llevan en la cárcel desde hace 20 a 30 años, sin ninguna posibilidad de recibir un indulto. En la era Reagan, muchos traficantes y contrabandistas de cannabis eran condenados a cadena perpetua. Algunos siguen en la cárcel. Desde mediados de la década de 1990, este número ha disminuido, pero, desde 1996, no menos de 54 personas han sido condenadas a cadena perpetua a causa del cannabis. La última fue condenada en 2014.

Cadena perpetua por delitos de cannabis

Beth Curtis, una periodista y bloguera estadounidense, estima que alrededor de 50 personas están cumpliendo penas de cadena perpetua por delitos de cannabis en la actualidad. Uno de ellos es Leopoldo Hernández-Miranda, de 76 años, quien lleva 24 años encarcelado. Este refugiado cubano recibió la orden de su jefe en 1993 de vigilar un envío, que consistía en unos 1500kg de cannabis. Por su trabajo, a Leopoldo le pagaban $ 50 y una comida caliente cada día. La operación, que era una trampa tendida por el fiscal del distrito, se destapó y el ex pescador lleva en la cárcel desde entonces. La mayoría de estos abuelos del cannabis probablemente morirán en una prisión estadounidense. En su mayoría, se componen de personas que fueron condenadas en virtud de la ley federal, pero Oklahoma, Missouri y Luisiana también condenan a la gente a cadena perpetua a causa de delitos relacionados con el cannabis. Algunos recibieron el indulto del ex presidente Obama. Sin embargo, la mayoría de ellos se incluyen en la categoría de “Principalmente Negro, principalmente Crack”, es decir, afroamericanos que fueron condenados por usar crack o traficar con crack, escribe Beth Curtis en el informe Clemency.

“Cuando todo acabó, la niña pequeña gritaba”

Afortunadamente, las personas antes mencionadas han conseguido mantenerse con vida, lo cual no ha sido en absoluto algo seguro durante los 50 años que lleva causando estragos la Guerra contra las Drogas. El caso de Philando Castile, que hace poco ha acaparado los titulares, es sólo el último de una larga lista de ciudadanos estadounidenses que han muerto debido al cannabis por los disparos de agentes de la policía estadounidense durante registros domiciliarios o controles de rutina. Castile fue asesinado durante un control de tráfico rutinario a finales de 2016. El agente de policía justificó su acción al describir a Castilla como un padre irresponsable, del que pensó que sería capaz de cualquier cosa basándose en el olor a cannabis que había en su coche.
Pensé que iba a morir y pensé que si él [Castile], si tiene el, el valor y la osadía de fumar marihuana frente a la niña de cinco años y poner en riesgo sus pulmones y arriesgar su vida al hacerle respirar humo pasivamente en el asiento delantero del pasajero, haciendo lo mismo, entonces qué, qué le importo yo. Hice unos disparos y luego, después de los disparos, la niña [sic] estaba gritando.”

Hace unos días, el agente de policía ha sido absuelto.

Este no ha sido el único caso en el que el detonante – el cannabis – ha resultado en una violencia policial mortal:

– El 8 de febrero de 2017, Chad Robertson, de 31 años, recibió un disparo de un policía de Chicago porque Robertson, que iba desarmado, quería huir de un cacheo corporal rutinario en busca de cannabis.

– El 26 de julio de 2015, Zachary Hammond, de 19 años de edad, recibió un disparo en la espalda de un policía de Carolina del Sur. Habían encontrado una pequeña cantidad de cannabis en posesión de su pasajera femenina. Esto es lo que el abogado de la familia dijo a los medios de comunicación estadounidenses: “Ha muerto por un porro”. Hammond también estaba desarmado.

– El 29 de julio de 2012, Chavis Carter, de 21 años, fue encontrado muerto en el asiento trasero de un coche de policía. La policía le había descubierto en posesión de una pequeña cantidad de cannabis. Según el informe post-mortem, Carter, que estaba esposado en el asiento trasero del coche de la policía, se había suicidado con un arma que los agentes de policía no había detectado antes cuando le registraron.

Ramarley Graham, un afroamericano de 18 años, fue asesinado a tiros en 2012 mientras intentaba tirar la marihuana por el inodoro, después de que la policía hubiera entrado en su casa en el distrito del Bronx en Nueva York. Graham no portaba ningún arma.

Keith Lamont Scott, un hombre negro de 43 años, murió en Charlotte, Carolina del Norte, en septiembre de 2016, después de que agentes de la policía hubieran observado a Scott, que iba desarmado, fumando un porro en su vehículo aparcado.

– El 25 de julio de 2014, André B, sospechoso de traficar con cannabis, murió por los disparos de un agente de policía bávaro, cuando intentaba huir de su inminente arresto. André B. también estaba desarmado.

En ninguno de los casos anteriores, se ha hecho rendir cuentas a ningún agente de policía, independientemente de si la víctima era negra, blanca, rica o pobre. Sin embargo, las personas de color suelen ser víctimas de este tipo de acción represiva en los Estados Unidos, lo que, en un país donde cualquiera puede llevar un arma, es más probable que se intensifique que en cualquier otro lugar. Aunque el consumo de cannabis tiene más o menos la misma prevalencia entre la población negra y la blanca, es probable que los afroamericanos sean detenidos por sospecha de posesión de cannabis con tres veces más frecuencia. En Chicago, por cada sospechoso blanco, hay 15 negros. Sin embargo, los medios de comunicación estadounidenses han informado recientemente sobre un estudio de la Universidad de Stanford que ha concluido que esta disparidad está disminuyendo lentamente en los estados que ya han legalizado el cannabis. En el estado de Washington y Colorado, el número de personas de raza negra a las que se registra durante los controles de tráfico ha disminuido a la mitad desde que se legalizó el cannabis. Es obvio que la legalización federal estadounidense del cannabis no va a resolver el problema del racismo y las armas de fuego en los Estados Unidos. Sin embargo, podría contribuir a acabar con esta escalada, lo que es muy necesario. Después de todo, cuando la posesión y el consumo de cannabis ya no es un delito, ya no puede ser una excusa para tomar medidas represivas, y la mayoría de los controles rutinarios serán operaciones relajadas en lugar de mortales.

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