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Legal – ilegal – razonable: Nos faltan buenos ejemplos
Autor: Micha 21/04/2017 - 14:00:00

Uruguay no se preparó 

Sin embargo, si analizamos lo que ocurre en Sudamérica, vemos claramente que, casi cuatro años después de la legalización, las circunstancias en Uruguay no son realmente un ejemplo que otros países con intenciones similares deban seguir: 

– Hasta ahora, los fumadores de Uruguay no tienen forma de comprar cannabis legalmente. Los medios de comunicación uruguayos han informado recientemente que este verano podría establecerse un sistema de ventas a través de las farmacias en todo el país, pero este no es ni mucho menos el primer anuncio de este tipo; además este sistema debía haberse puesto en marcha en 2015 y 2016. 

– Más del 60% de los cogollos consumidos en Uruguay se siguen introduciendo de forma ilegal en el país desde Paraguay.

– Debido a su estado jurídico poco claro (el cultivo de cannabis en privado y su suministro a amigos para el consumo es legal, pero los cogollos comerciales siguen siendo ilegales), se ha creado una enorme zona gris en la que se está haciendo mucho dinero libre de impuestos con el cannabis. En Uruguay, la legalización se introdujo por razones políticas, para ser el primer país en enfrentarse a la guerra contra las drogas. Por desgracia, el ex presidente Mujica no había pensado en las implicaciones a corto plazo que la legalización, precipitada y bastante apresurada, traería consigo. Este pequeño país, situado entre Brasil y Argentina, pasará a la historia por ser el primer país en legalizar el cannabis, pero no va a ser el primero en tener un modelo de regulación en marcha que funcione adecuadamente.

Colorado, Washington, Oregón & Co. no son buenos ejemplos

En los estados de EE.UU. donde el cannabis ya está legalizado, en la mayoría de los casos se han creado excelentes sistemas reguladores. La mayoría ya tenía experiencia con los programas de cannabis medicinal, que podían solicitar como parte de la relegalización con el fin de regular la planta prohibida también para fines recreativos. Estos programas incluían aspectos tales como controles de calidad, etiquetado transparente, protección de los jóvenes y los niños, prevención y muchos aspectos económicos, incluidos por supuesto los ingresos fiscales que obviamente crea un mercado nuevo como este.

Pero en los ocho estados de EE.UU. y Washington D.C, hay otros problemas que resolver. Como el cannabis sigue clasificado como una sustancia estupefaciente de “Lista 1” bajo la ley federal estadounidense, los productores, vendedores y clientes tienen que seguir siendo cuidadosos:

– La Legislación Bancaria de los Estados Unidos es una ley federal. Hasta el momento, todas las transacciones han tenido que realizarse en efectivo. Para las tiendas, tener tanto dinero en efectivo representa un mayor riesgo para su seguridad.

– En los lugares que se consideran territorio federal de los Estados Unidos, el cannabis sigue siendo ilegal. Esto incluye aeropuertos, estaciones, muchas oficinas oficiales, algunas autopistas y muchas otras áreas que son parte de la vida pública.

– Debido a que incluso el cannabis medicinal infringe la ley federal estadounidense, los productores estadounidenses sólo pueden comerciar a un nivel muy limitado, mientras que sus colegas de Canadá, los Países Bajos e Israel ya están exportando cogollos y experiencia al extranjero. Algo que parece ser imposible para los EE.UU., incluso a medio plazo.

Da igual lo bien que las regulaciones locales se ocupen de los planes futuros y la sostenibilidad, la prohibición federal del cannabis impide cualquier progreso a nivel nacional. No hay seguridad jurídica, además de una enorme zona gris que asusta tanto a los inversionistas como a los empresarios y, por eso, los Estados Unidos no son un buen ejemplo de regulación.

España y los Países Bajos se están quedando a medias

Los modelos de estos dos países presentan planteamientos muy diferentes. Los clubes sociales de cannabis se toleran en virtud de la ley española de narcóticos debido a su carácter privado. En los Países Bajos, se toleran los coffeeshops que compran sus productos ilegalmente; son un compromiso resultante de 40 años de aplicación poco entusiasta de la política liberal de drogas adoptada por los Países Bajos – hasta hace 15 años.

Lo que ambos modelos tienen en común es que los productos sólo se toleran en el punto de venta. En los Países Bajos, oficialmente el cannabis llega volando desde el cielo hasta el mostrador del coffeeshop. En España, el cannabis no puede introducirse en las instalaciones del Club, ni cultivarse allí, por lo que también debe tener un origen celestial. El cultivo colectivo de los Clubes se tolera en terrenos privados, pero en cuanto la cosecha se transporta a las instalaciones del club, se abre la temporada para las brigadas de estupefacientes. Al fin y al cabo, sea cual sea la ubicación de los Clubs – tanto si son legales como si no – el transporte es sin duda ilegal, porque tiene lugar en una vía pública.

Por eso ni España ni los Países Bajos son muy buenos ejemplos, pero ambos modelos bien podrían ampliarse, ya que tanto los coffeeshops como los Clubs suelen ofrecer un buen producto a precios moderados, proporcionan protección a los menores y actúan de forma preventiva, además de pagar impuestos. Sin embargo, en ambos países, los intentos de tolerar el consumo y las ventas a pequeña escala fracasan porque no incluyen a ningún proveedor, productor ni a ninguna de las partes implicadas.

Tan pronto como los políticos quieran avanzar, en ambos países, podría utilizarse la infraestructura nacional existente de clubes y tiendas como base. Casi todos ellos se adhieren a las normas autoimpuestas relativas a la protección de menores y de los consumidores, que tendrían que formalizarse en una legislación en el futuro.

En Corea del Norte, funciona sin ninguna regulación

Lo más probable es que la mayoría de los coreanos ni siquiera sepan que fuman una planta prohibida a nivel internacional, o que la sustancia ilegal más comúnmente consumida en el mundo occidental se vende en manojos por casi nada en sus mercados. Incluso si resulta extraño que Corea del Norte asuma el papel de dar un ejemplo del que podamos aprender, sus habitantes se ocupan del cannabis de una manera relajada. Pero como modelo regulador, la venta de cannabis en un mercado local callejero no es muy adecuado ni resulta aceptable a nivel político.

Lo mismo ocurre con otros modelos en zonas como el norte de Marruecos, el Líbano, Afganistán, el Hindu Kush y en cualquier otra parte del mundo donde el cannabis se cultiva y se comercializa debido a su estatus cultural, a pesar de estar prohibido. Este tipo de regulación, da igual donde se encuentre, proporciona un terreno fértil para la corrupción oficial.

 

Canadá parece bien preparada

El gobierno de Trudeau ya va tan adelantado con los planes de legalización que ha fijado la fecha, el 1 de julio de 2018, para la relegalización del cannabis. En Canadá, un comité lleva trabajando desde 2016 en un marco legal que organice la transición de “ilegal” a “legal” de la forma más llevadera posible. Esto ha permitido ocuparse de los aspectos que preocupaban, escuchar a los críticos, y tener en cuenta sus objeciones y peticiones especiales. También ha permitido involucrar a todas las partes en el difícil proceso. Además, el gobierno ha anunciado que ajustará la nueva legislación a la Convención de las Naciones Unidas sobre Sustancias Psicotrópicas. Algo que, de momento, ni Uruguay ni los estados norteamericanos – donde el cannabis ya es legal – han conseguido hacer y, por eso, ambos países han sido censurados por la ONU.

Si Canadá legaliza el cannabis en 2018, entonces probablemente quedarán muy pocas preguntas abiertas, gracias a los años de preparación. Los países que buscan un ejemplo a seguir en el plano internacional deben seguir el liderazgo de Canadá en lo que respecta al cannabis. Sin duda, la legalización es cuestión de ser razonable. No funciona si se queda a medias (como en los Países Bajos y España) o si las decisiones se toman demasiado rápido (como en Uruguay). La legalización requiere una perspectiva global y sentido común.

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Artículo original en sensiseeds.com:Legal – ilegal – razonable: Nos faltan buenos ejemplos



02/03/2017 - 06:00:00
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